Los padres de los niños que estudian chino en la escuela Yan-Lan en Pozuelo, Madrid, no entienden absolutamente nada del idioma, pero quedan embobados viendo como sus hijos comienzan a hablarlo.

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Es las mismas escenas que vivieron sus padres, solo que en aquel entonces en vez de chino era inglés. Aplauden a sus hijos, algunos de incluso 3 años, al ver cantar “la canción de los cinco dedos”, la típica que le enseñan los padres chinos a sus hijos para aprender los nombres de los dedos.

Son niños de la capital, que estudian en colegios privados y que se manejan relativamente bien en inglés. Sus padres los han apuntado a chino porque piensan que es una gran inversión para su futuro, dominarán los tres idiomas más hablados del mundo.

“Es el mejor regalo que les podemos dar”, dice Manuela Hidalgo, empleada de banca que tiene en la escuela a sus dos hijos, de cinco y siete años. Como muchos padres de la escuela, esta madre está totalmente convencida de que a pesar de que aprender chino es un reto para sus hijos, la inversión merecerá la pena. Como si se hubieran puesto de acuerdo, muchos responden por separados con la misma justificación: es “la lengua del futuro”.

Pero como se puede imaginar, aprender chino no es nada fácil, y es por ello por lo que muchos padres están recurriendo a métodos más intensivos. Cada vez más, contratan profesores particulareso incluso residentes para que sus hijos consigan hablarlo con más fluidez, y han aparecido en Madrid empresas que promueven campamentos de verano en China con la promesa de una “inmersión 100%”.

“Muchos de estos niños serán los futuros líderes de España, los que dirigirán las multinacionales y la diplomacia”, dice Tsai director de la Asociación de Profesores de Chino.

Ya-Lan Chuang, la directora de la academia de chino, comenzó dando clase particulares a dos o tres niños en 2009, al poco de llegar a España desde Taiwan. Emplea a 11 profesores nativos que atienden a 25 grupos en marcha por las tardes, en zonas acomodadas de Madrid: La Moraleja, Aravaca, Pozuelo o Serrano.

No necesita ni hacer publicidad, dice, porque la demanda es abrumadora. A muchos de sus clientes les basta ver al hijo del vecino hablando en chino para apuntar al suyo a clase. “Llegan a mí por el boca a boca”, dice ella.

Fuente: El País.

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