Los inversores chinos están comprando propiedades con un valor de al menos 500.000€  para conseguir la conocida como “Visado de oro”.

El resplandor gris azulado de los televisores palpita en algunas casas de este barrio obrero de Madrid. Una furgoneta Mercedes de cristales tintados se detiene frente a un edificio de ladrillo de tres plantas. El conductor, trajeado, abre la puerta corredera y del vehículo desciende una familia china que mira extrañada a su alrededor, como si de repente hubiese desembarcado en Marte.

—¿Ya hemos llegado?—, pregunta el padre.

Los Han aterrizaron el sábado por la mañana en la capital en un vuelo procedente de Pekín. Los dos primeros días visitaron la ciudad —Plaza Mayor, La Almudena, Sol— y desde el lunes dedican las jornadas completas a examinar pisos para comprar. Si les gusta uno pueden pasarse una hora dando vueltas por la vivienda, escrutando cada rincón; en caso de que no, no tardan más de dos minutos de salir pitando por la puerta.

Ya han conocido los lugares más exclusivos de la ciudad, como la zona del Retiro, pero este martes lo han dedicado a ver apartamentos en barrios periféricos para comprar tres o cuatro de una tacada si fuera necesario, tantos como hagan falta para llegar a los 500.000 euros que se necesitan para obtener la golden visa, un permiso de residencia que otorga el Gobierno.

Con la ley de emprendedores que aprobó el Gobierno del presidente Mariano Rajoy en 2013 para atraer las grandes fortunas extranjeras al excesivo parque de vivienda español encontró una ventana de oportunidad. Trató con algunos compatriotas que querían invertir en España pero no fue hasta 2016, cuando se flexibilizó esa misma ley, que empezó a trabajar en serio con clientes que atraía a sus oficinas de Pekín.

La concesión de las golden visa no han dejado de crecer en España desde hace seis años. En 2018 se solicitaron 16.029 y se concedieron 12.634, de acuerdo a la información facilitada por el Observatorio Permanente de la Inmigración.

Como los Han —nombre genérico para no identificar al cliente real que visitó Madrid esta semana—, que una de las mañanas la dedicaron a conocer el Instituto de Diseño y Moda (IED). Es el lugar donde planea estudiar la hija adolescente de la familia, a punto de terminar los estudios de secundaria.

El viaje final suele durar una semana. Hay cosas que al visitante le cuesta asimilar, como el arraigo al patrimonio de los españoles. Los compradores en China, por ejemplo, tienen un derecho a la propiedad que dura 70 años, tras lo cual el suelo vuelve a ser propiedad del Estado. Eso produce que el skyline cambie radicalmente cada dos décadas. Un edificio se tira y se vuelve a levantar sin una arruga en el corazón.

“Por eso cuando los de Wanda compraron el edificio España perdieron tiempo y, por tanto, dinero. Fue un problema cultural, no debían imaginar que esa fachada no podía derribarse.

A los chinos les sorprende la hospitalidad española. Los Han alucinaban cuando alguien por la calle se ofrecía a acompañarlos hasta el lugar que no lograban encontrar. La idea de la familia era visitar Madrid y Barcelona. Después harían una comparativa. Pero les gustó un piso en una urbanización de la zona de Pacífico, junto al parque Tierno Galván: dos dormitorios, dos baños y una amplia terraza. La decisión llegó tras visitar cuatro pisos el lunes y siete el martes a velocidad de la luz. La furgoneta de cristales tintados los condujo por todo Madrid.

El miércoles volvieron a visitar el piso de Pacífico y comenzaron a negociar el precio. Fue discutir una cantidad adecuada con un temporizador sobre sus cabezas: el avión les estaba esperando para volver a Pekín.

Fuente: https://elpais.com/ccaa/2019/04/04/madrid/1554403996_686289.html

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